Técnica
Fotografía analógica Infrarroja B&N. Toma directa.
Presentación
Desde esa penumbra, desde ese umbral donde la memoria se esconde y retrocede hasta confundirse con los sueños, recuerdo un verano remoto: vacaciones en la ruta, una camioneta azul profundo, la fragancia caliente del aire, el sonido alegre del andar y las manos fuertes y firmes de mi papá sobre el volante.
Recuerdo -o creo que recuerdo- lugares, árboles y cielos que se ofrecían en una multiplicidad de aventuras y juegos. Durante ese verano de hace tiempo, la camioneta azul fue el mundo. Un mundo capaz de sobrevolar otros mundos maravillosos y lejanos, soleados, a veces silenciosos y grises.
Fue mucho tiempo después que retorné a esas imágenes perdidas, a esos restos que no se pueden encontrar en la vigilia, que sólo existen en territorio imaginario y que a veces avivan su existencia también en la evocación onírica que la fotografía hace posible.
Jean-Claude Lemagny en su libro la “Sombra y el tiempo” citando a Yves Bonnefoy, reafirma la idea de que en la fotografía “la imagen produce lo imaginario, se presta a nuestros sueños; y ella, […] no es tanto la reproducción del mundo, como el punto en que éste como tal, es refractado por el sueño”.
Con la nostalgia de reencontrar las imágenes de ese verano, el tiempo y la vida aloja-dos como ensueño; y con el deseo de convertir la deriva de imágenes en recuerdos es que nace –por la demiurgia de la luz y los granos de plata- la serie de fotografías “Onirogramas”.















